Proceso de duelo en Buitrago

Para mí la experiencia de duelo comienza con los preparativos para el viaje al presencial intensivo de Junio. Es un despedirme de mi rutina habitual de trabajo, hijos, y un largo etcétera. Me cuesta mucho aceptar esta situación. Me faltan partes de mi, dejo en Zaragoza mi rol de madre, esposa y educadora, y con ellos la compañía y presencia de esas personas que tanto quiero y que tan importantes son en mi vida.

Durante las semanas del periodo intensivo, el tiempo que disponía para estar a solas conmigo en desayuno, cena y sueño, me proporcionaba una toma de conciencia de mis emociones, sentimientos, bloqueos y resistencias muy potente.

Durante los días que trabajamos los módulos vistos desde Enero hasta Junio, practicamos ejercicios grupales, por parejas y dinámicas el grupo formado por los 10 alumnos que realizábamos la modalidad intensiva del Máster de Psicoterapia Humanista Integrativa. Eso hizo que fuéramos creando cada vez más ese clima de confianza , seguridad y protección que necesitábamos para ser un grupo de trabajo emocional en el que apoyarnos, comprendernos, reconfortarnos y compartir vivencias personales , emociones profundas y del que aprender y crecer a través de la incorporación de conocimientos , habilidades y experiencias de los distintos miembros que lo componemos.

Es cierto que esta convivencia tan especial, tan sincera y auténtica ha supuesto un antes y un después en mi vida. Y que he descubierto a personas con las que he llegado a tener un nivel de conexión, comprensión y sintonía muy profunda como si las conociera de toda la vida. Pienso que de otra forma no hubiera sido posible realizar el trabajo emocional intensivo en Buitrago.

Otro momento importante, el viaje hacia Buitrago. Fuimos en el coche de un compañero que vive en Madrid, dos compañeros más y yo. Ambiente animado y alegre impregnado de excitación, miedo, incertidumbre a lo desconocido e ilusión. Expectantes por llegar a la residencia y saber lo que nos aguardaba. Fue una cascada de emociones, inquietud por el reparto de habitaciones, emoción de deshacer equipaje y estar, alegría de conocer en persona a los compañeros de la modalidad de fines de semana… Ya no había vuelta atrás. Mi disposición era de apertura, flexibilidad y a dejarme fluir y sentir libremente con mis emociones. Dejé que las cosas fueran sucediendo y tomando sentido por sí mismas, sin ser yo la que controlo todo desde mi parte más racional para que sea perfecto.

Mis emociones fueron las protagonistas de principio a fin: la inseguridad, confusión y miedo del principio se tornaron en deseo de empezar a trabajar con el duelo que había decidido en compañía de mi compañero de duelo ( J) y de mi terapeuta en prácticas.  Para mí esa situación fue la prefecta y justo la que necesitaba. Con mi terapeuta me dejé sentir y saqué tanta tensión, presión, angustia, miedo, tristeza, rabia, amargura, con la persona objeto de mi duelo, que cuando finalicé y cerré mi proceso acabé agotada físicamente pero serena con una calma y bienestar indescriptible. Una felicidad y alegría serena inundándome cada rincón de mi ser y sensación de amor incondicional, aceptación y gratitud.

El apoyo de mi compañero (J) también fue muy importante porque en cada descanso, entre ejercicio y ejercicio, así como en las comidas, estaba presente a mi lado: su calor, su contacto, su presencia, acompañándome y dándome fuerzas para seguir y continuar .

Sólo puedo decir gracias de todo corazón a mi compañero, a mi terapeuta y todos mis compañeros del intensivo con los que he compartido vivencias tan potentes . Y por descontado a todos los que hacen posible desde Galene que cada día seamos un poquito más altos, fuertes y vigorosos en satisfacción, experiencia e ilusión.

Un fuerte abrazo:
Septiembre 2016

Susana Palacios

 

Susana Palacios
Estudiante del Máster de Psicoterapia Humanista Integrativa

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