Permiso

Llevo un tiempo muy desconectada del máster y del blog, lo sé, ha sido un tiempo muy difícil para mí y me ha costado retomar la rutina.

A pesar de mis ganas por hacer este máster y lo bueno y bonito que está siendo, la vida se ha encargado de poner piedras para dificultar el proceso y hacerlo un poco amargo y duro.

Yo siempre he sido una persona muy responsable, que he seguido adelante con todo y a pesar de todo, pero este último tiempo me he dado cuenta que no siempre es así, que la vida te hace parar, para que pienses, reflexiones, te escuches y finalmente hagas lo que realmente necesites.

Durante toda mi vida siempre he pensado en responsabilidades y he dejado el disfrute de lado con el “hasta que…”, hasta que no termine esto, hasta que no haga el examen, hasta que no arregle tal…y así con todo. Mientras mis amigas salían y disfrutaban, yo casi siempre tenía una obligación que cumplir antes de disfrutar, límite impuesto principalmente por mí misma, y que si no cumplía me impedía estar tranquila y contenta conmigo misma, sin disfrutar finalmente de nuevo.

En este último tiempo he estado intentando hacerlo de otra forma, me he dado permiso para salir, hablar, bailar, reír, dormir, pintar, cocinar, sin tener que conseguirlo como premio por haber hecho mis “deberes”. Esto me ha hecho “desequilibrarme” un poco en un principio al ir dejando responsabilidades de lado (excepto el trabajo y cosas de vital importancia), me sentía mal y rara, aunque poco a poco he sabido disfrutar de momentos de ocio y regocijo sin sentirme culpable, sin machacarme y comprendiendo lo que me estaba pasando y escuchando mi necesidad.

Esta forma de vida es parte de la herencia de mi padre, un hombre muy enfocado en la trabajo como filosofía de vida, con obligaciones constantes en todas las áreas de su vida, con un autoestima dependiente de los logros y con apenas tiempo de disfrute, y si lo tiene, es su deber compensar al día siguiente con las obligaciones como forma de “castigo”.

Hace tiempo me di cuenta de esta forma de vida en mi padre, lo llevo observando toda mi vida, y las consecuencias que esto ha traído a su vida. A veces me siento  muy identificada y siento miedo de seguir así,  aunque ahora mismo estoy trabajando en ello y queriendo cambiar esta forma de no vivir. Estoy aprendiendo e intentando encontrar el equilibrio entre responsabilidad y disfrute, permitiéndome escuchar y hacer lo que necesito en cada momento, sin dejar de lado cosas muy importantes, siendo una tarea poco fácil de conseguir.

Quiero y necesito permitirme vivir, sin necesidad de lograr nada más para justificar los momentos de disfrute y bienestar, solo VIVIR.

antonia_firma

Antonia Fernández
Estudiante del Máster en Psicoterapia Humanista Integrativa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *