“No es por ti cariño, soy yo”

¿Te suena de algo la frase? ¿La has utilizado o la han utilizado contigo? Cuando alguien dice esa frase, posiblemente intuyamos lo que está a punto de suceder. Suele ser un forma sutil a la que recurrimos cuando queremos decir a la pareja que ya no se está enamorad@, que deseamos romper la relación, intentando que la otra persona no se sienta tan mal, poniendo la responsabilidad de lo que está ocurriendo en nosotros mismos y no en el otro.

¿Y si fuéramos capaces de realizar esta afirmación en otros campos de nuestra vida? ¿Somos tan generosos con los demás y responsables de nosotros mismos cuando se trata de lidiar con emociones de rabia, tristeza o frustración que sentimos que están siendo provocadas por ciertos acontecimientos o personas de nuestro entorno?.

No hay que buscar mucho ni irse muy lejos para escuchar frases como “no lo soporto, me saca de mis casillas” “parece que lo hace aposta, siempre acaba fastidiándome el día”,  “solo de verlo, me pone de los nervios”, “si al menos me hubiera llamado, yo no estaría tan triste”… todas estas afirmaciones tienen algo en común, siempre hay algo o alguien que te hace sentir mal, te enfurece o te entristece.

¿Quién te hace sufrir? ¿Qué te pone nervios@?, ¿Quién o qué no te permite sentirte feliz, tranquil@?…¿tus padres?, ¿tu pareja?, ¿ese objetivo que no logras alcanzar? ¿el que no se hagan las cosas “como dios manda”?… podríamos hacer una lista interminable de “culpables” que nos fastidian el día, que no nos permiten sentirnos a gusto con lo que somos. Estamos constantemente esperando algo de alguien o que algo ocurra, o que cambie algo, o que algo hubiese/no hubiese sucedido…

Con esta forma de pensar, buscando culpables en el exterior que expliquen nuestro propio malestar, lo único que conseguimos es más frustración, tristeza y rabia, ya que estamos otorgando el control de nuestra vida a personas o acontecimientos externos a nosotros mismos. En cierta medida, ¿les estamos dando el control de cómo nos podamos estar sintiendo el resto del día, de la semana, de la próxima hora, o del resto de nuestra vida?

Está claro que no podemos controlar los acontecimientos, ni los sentimientos, pensamientos o acciones de las otras personas. Pero SI podemos controlar el efecto que todo ello provoca en nosotros. Tenemos la capacidad para decidir en qué medida nos va a afectar, su duración y la intensidad de la emoción que nos provoca y tomar decisiones al respecto.

La expresión NO ES POR TI, CARIÑO, SOY YO ¿podríamos aplicarla en diversas circunstancias para dejar de culpar a los demás de cómo nos sentimos nosotros?, ¿de responsabilizarnos de nuestras propias emociones y de cómo actuamos en consecuencia?

Soy yo quien me enfurezco porque las cosas no están en su sitio, soy yo quien me entristezco porque no me ha dicho hola como yo esperaba, soy yo quien se siente frustrado porque no tengo lo que considero que me merezco. Generalmente estamos esperando a que sean los demás o las circunstancias las que cambien. Esperando, esperando, esperando… y repitiendo “cuando xxx, seré feliz” o “si hubiera xxx, no me sentiría tan mal”.

Ambos pensamientos nos trasladan a un futuro que quizá nunca llegue o a un pasado que ya pasó; sin embargo este “teletransporte temporal” nos está afectando en nuestra realidad presente, provocando emociones de miedo, ira, o tristeza, que estamos sintiendo en este instante y que en muchas ocasiones, nos sentimos incapaces de gestionar y nos arruinan el momento actual.

¿Realmente es así? ¿y si en vez de esperar a que las cosas cambien, a que sean como nosotros esperamos, empezamos a aceptar que somos nosotros los responsables de cómo nos sentimos, de cómo vivimos, de cómo interpretamos lo que nos pasa y cómo dejamos que nos afecte?.

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¿Qué pasaría si empezásemos a poner en práctica esta afirmación? ¿Si en vez de quejarnos por lo que nos hacen, nos pasa o no nos pasa, de hacer culpables a los demás o a las circunstancias de cómo nos sentimos, empezamos a responsabilizarnos de nosotros mismos y comenzamos a tomar decisiones al respecto? ¿Podríamos hacer este “experimento” aunque solo fuera por un día? ¿Qué crees que pasaría? ¿Cómo crees que te sentirías?.

Quiero finalizar con un párrafo del libro “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl: “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas: la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino para decidir su propio camino”.



Sonia Pérez-Sala

Estudiante del Máster de Psicoterapia Humanista Integrativa

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