Descubriendo y explorando paisajes humanos

Después de más de 7 meses desde que empezamos a buscar alguna entidad donde hacer las prácticas del Master, el 17 de Octubre comencé en el Centro de Orientación Familiar de Valladolid que pertenece a la Fundación Desarrollo y Persona www.desarrolloypersona.org. Poco después comencé también las sesiones por Skype con una paciente que me ha proporcionado APHICE la Asociación de Psicoterapia Humanista Integrativa y Counseling de España.

Cada día siento más claro cuánto ha merecido la pena la espera. La paciente de APHICE es una persona con formación y experiencia profesional en psicoterapia que ya realizó hace tiempo un largo y profundo trabajo terapéutico con una muy buena Psicoterapeuta Humanista Integrativa, Macarena Chías, Subdirectora del Instituto Galene y una de mis profesoras en este Master en Counseling Humanista Integrativo con quien hemos hecho gran parte de la formación en trabajo emocional. Esto ha supuesto para mí un reto inicial en diferentes aspectos, junto al proceso de adaptación mutua y de abrirse a confiar y crear un nuevo vínculo. Una de las cosas maravillosas de este caso es la enorme ventaja de poder apoyarse en el trabajo previo ya realizado y en los conocimientos de la cliente para abordar y desarrollar el trabajo terapéutico profundo y precioso que estamos realizando.

En el COF he encontrado la posibilidad de hacer las prácticas en Counseling en 3 nuevos casos que empezaron aquella misma semana de octubre, uno de ellos de pareja, con lo cual al final son 4 personas que estoy viendo desde entonces. Una de las cosas que más me gusta de estas prácticas es el trabajo en equipo con el psicólogo del centro, Diego Velicia, que lleva más de 10 realizando este trabajo en el COF. El intercambio impresiones y visiones sobre cada caso antes y después de cada sesión está siendo muy enriquecedor y una auténtica escuela de aprendizaje para mí por lo que siempre le estaré agradecida a Diego y al COF en general. Esto es así no sólo por constatar las diferencias o similitudes en nuestras observaciones, sino sobre todo por las decisiones de cómo priorizar y afrontar cada proceso personal de crecimiento en base a la experiencia, herramientas y formación que cada uno tiene, que en nuestro caso es bastante diferente.

Algo que me encanta de la forma de trabajar de Diego es su máxima de que “el cliente sea siempre el protagonista de su propia historia” según sus propias palabras. He podido observar la necesidad de la humildad personal del terapeuta y la capacidad de auto-observación que nos ayude a no caer en la tentación de entrar en ese papel de “salvador” o “diosecillo sabelotodo” que tiende a tentar a nuestro ego y que encontramos a veces en algunos terapeutas y que aboca al fracaso de la terapia pues nos conecta con nuestro ombligo y nos desconecta de la realidad del cliente.

Tras un mes y medio de prácticas y cuando apenas hemos realizado un tercio de las mismas, he podido ver cómo lo que nos ayuda a las personas a evolucionar en nuestros procesos de crecimiento personal no es tanto el método o la técnica que emplea el profesional que nos brinda su apoyo y acompañamiento, que sin duda es relevante; lo que sana realmente es el vínculo de confianza, y la aceptación y amor incondicional sin expectativas, la capacidad de ponernos en sus zapatos, que transmite el terapeuta a su cliente. Otro factor es la idea-semilla de que un mundo interno mejor es posible, y que esto está en las manos de cada uno de nosotros. Interiorizar esta semilla, esta posibilidad y esta responsabilidad, es desde mi punto de vista la clave del inicio de la sanación o proceso personal de crecimiento.

Como estudiamos en el Master, el proceso psicoterapéutico debe adaptarse a la estructura de personalidad del cliente, siendo este un factor esencial a la hora de establecer de una manera u otra la alianza terapéutica y el plan de intervención. Por eso es imprescindible tener conocimientos sobre los diferentes tipos de personalidad y lo relacionado con ellas (origen, estructura, rasgos, adaptaciones…) para poder tener éxito en este proceso de crecimiento e integración que es el proceso psicoterapéutico. Según Erich Fromm, psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista, “la personalidad es la totalidad de las cualidades psíquicas innatas y adquiridas que son características de un individuo y que le hacen único.”

Cada ser humano es único e irrepetible, por ello el trabajo terapéutico con personas nos invita incesantemente a ser humildes, compasivos y creativos. Por eso más allá de clasificaciones o diagnósticos, nos mueve internamente a desarrollar nuestras capacidades de “sintonizar” con el problema de fondo que trae nuestro cliente, y a desarrollar nuestras capacidades creativas y probar diferentes acercamientos con el cliente hasta que damos con el núcleo del tema de fondo y la mejor forma de relacionarnos y de enfocar como abordar el tema que le trae a consulta. Este aspecto del trabajo terapéutico me encanta, me pone en contacto con la vivencia en estado puro de que cada persona es única, en su “configuración”, en su capacidad de respuesta, en cómo vivir la vida. En las sesiones con los clientes observo tantos ritmos y necesidades tan diversos, los anhelos y las vivencias de cuestiones similares de formas tan distintas. Esto me hace maravillarme de la infinita creatividad de la vida, y de las enormes posibilidades de resilencia, la capacidad para superar períodos de dolor emocional y situaciones adversas, que tenemos los seres humanos, y de cómo son estas experiencias difíciles las que nos hacen crecer y aumentar nuestra comprensión desde el corazón.

Tal como dice el Lama Jampa Monlam, de Katmandú (Nepal), “El propósito de todas las personases ser feliz. Hay que buscar las raíces de la felicidad para cultivarla, y las del sufrimiento para abandonarlo. Hay mucho desarrollo material, pero hace falta desarrollo interno. Los ejercicios cotidianos de escucha a uno mismo, de conexión profunda con nuestra esencia nos llevan a una mente positiva, que es la única capaz de bondad. Comprender que el sufrimiento surge de uno mismo es algo radicalmente transformador que cambia tu mirada hacia el mundo y, por tanto, cambia el mundo. Es poderosísimo.”

Es esta comprensión más amorosa transforma nuestras vidas. En mi experiencia es como si pasáramos de ver la vida a través de una paleta de unos pocos colores a otra de millones de colores. La profundidad, nitidez, brillo y cantidad de matices de los paisajes humanos, y de nuestra propia vida adquieren otra dimensión, una dimensión tan bella y profundamente humana que a veces pareciera divina.

Me gustaría acabar expresando mi gratitud a todas aquellas personas que a lo largo de la vida han sido mis maestr@s, a los que con su trabajo terapéutico me ayudaron a ampliar y refinar la comprensión amorosa de mi propia vida, y muy especialmente a los que ahora me abren su corazón mostrando sus flaquezas y anhelos. A todos ellos llevo en mi corazón y me gustaría expresar mi agradecimiento con estas palabras atribuidas al Papa Francisco, “Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo. Sólo tú puedes hacer que brille en todo su esplendor.”

Que nuestra vida brille en todo su esplendor y sea un jardín lleno de oportunidades para ser felices.

Cristina Melo

 

Cristina Melo
Estudiante del Máster de Counselling Humanista Integrativo

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