Descubriendo mi Apego

Hola a todas las que estáis por aquí; de nuevo, gracias por leerme.

En este segundo artículo voy a hablaros de algo que desde que me convertí en madre ha ido llegando a mí desde varios lugares (libros, conferencias, grupos de crianza…) y por supuesto también ha llegado con profundidad en uno de los módulos de este Master en Counselling Humanista Integrativa que me está llevando por este Viaje del Terapeuta que transito.

En las próximas líneas me ocuparé de la importancia del Apego, entendiendo como tal, la manera que tenemos los seres humanos de desarrollar y mantener los vínculos afectivos que nos proporcionan seguridad, desde la infancia hasta la senectud.

¿Dónde empieza esto del apego?, os podréis preguntar.

Yo me hice esta pregunta de forma indirecta en mi primer embarazo, cuando comencé a leer sobre la crianza y la importancia de generar un vínculo seguro y estable con el bebé, desde su nacimiento e incluso durante la gestación, pues este vínculo seguro facilita el desarrollo emocional sano del niño y del futuro adulto, en palabras de John Bowlby, principal autor de la Teoría del Apego “los modelos sobre las figuras de apego y sobre el sí mismo gobernarán los deseos, expectativas, miedos, seguridades e inseguridades de un sujeto”. La aceptación y protección incondicional del niño desde que se gesta, le llevará a desarrollar un estar en el mundo seguro y querido, que podremos ver reflejado en su forma de interactuar con ese mundo, de una manera pacífica y amigable, de manera que su vivencia para con ese mundo que le rodea, va a ser también amigable y pacífica, en líneas generales.

Esta seguridad en el vínculo, nos hace desarrollar nuestro caminar por el mundo, si el niño tiene una base segura desde la que aproximarse a las situaciones nuevas, su acercamiento al mundo irá sostenido por esta seguridad, y esta impronta de la suma de vivencias seguras, será de gran importancia en el desarrollo de su personalidad.

¿Cómo se establece este apego?

Comienza desde el nacimiento y antes, como dije, y la figura principal puede ser la madre, aunque también se puede desarrollar el vínculo de apego importante con otras personas cercanas que dan esta protección, seguridad y cuidados al bebé. A través de la relación con esta figura, el niño irá desarrollando su estilo de apego y con él, su manera de estar en el mundo. Me parece muy interesante y a tener en cuenta principalmente aquellos que tenemos hijos, echar un vistazo a las observaciones realizadas a grupos de niños con diferentes estilos de apego, donde podremos ver cuán diferente es la reacción de unos niños y otros ante la ausencia de la figura de apego y su posterior llegada. Por citar algunas de estas observaciones, decir que mientras unos niños exploran con seguridad cuando está su figura de apego presente, otros permanecen parados; asimismo sucede también que mientras unos niños lloran ante la ausencia repentina de su figura de apego, otros permanecen como ausentes. Hay quien pueda decir que tales diferencias de comportamiento, se deban a un tipo carácter en el niño, pero, si el ser humano es un ser social, puede ser que esta diferencia de comportamiento se deba a las vivencias de apego que el niño ha experimentado en su entorno social, ¿verdad?, esto es lo que nos explican los diferentes teóricos del apego Jonh Bowlby, René Spitz y Mary Ainsworth entre otros.

 ¿Y entonces?

Cada uno podemos reflexionar sobre nuestra infancia, observar cómo hemos sido criados, si tuvimos ese lugar seguro desde el que relacionarnos con el mundo y si efectivamente nos relacionamos desde esa seguridad o desde algún lugar de miedo o carencia; para comenzar la reflexión puede servir aquello de: me hubiera gustado que…

No hablo de hacer una crítica a nuestros cuidadores y dadores de afecto, hablo de una reflexión, de un darse cuenta para poder avanzar y transformar nuestro camino, acompañado de la mano del terapeuta que elijamos, como esa base segura desde la que volver a lanzarnos a explorar el mundo y descubrirlo de nuevo.

¿Transformarme?, ¿para qué?, podréis pensar, pues para ser más libres, más felices y más plenos, soltando lo que sirvió en nuestro crecimiento hacia el adulto, pero que ya no me sirve para la persona que ahora soy porque me he dado cuenta de mis carencias y limitaciones; porque quiero vivenciar la vida con plena consciencia y desde ahí lanzarme al mundo y disfrutarlo con todo lo que venga.

Cuando descubrí mi estilo de apego, me sirvió para ese darme cuenta de donde estoy en mi relación emocional con otros, dentro del hogar/familia y fuera, y a partir de aquí y de la mano del terapeuta, el camino se ha transformado hacia una paz interior que en algún lugar se quedó y que poco a poco voy reencontrando.

Y tú, ¿te atreves a ser acompañado y descubrir todo lo que puedes ser?


Beatriz
Estudiante del Máster de Counselling Humanista Integrativo

 

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